2013
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Es claro que el ejercicio del periodismo demanda conocer o acercarse a una interpretación responsable de la realidad. Y cuando ello ocurre, la presentación de los hechos debe ser cercana a esa interpretación, algo que no ocurrió si tomamos como medida de verificación los 660 casos de violaciones a los Derechos Humanos y los prisioneros políticos que hoy desconoce la opinión pública.


Click para ver el documental

2013/ Diciembre 16/ Alexander Escobar/

Durante el Paro Agrario y Popular el periodismo tuvo como reto cubrir su desarrollo desde el interior de los hechos, y no desde los costados de la versión oficial que niegan y tergiversan la realidad. El reto significó, por tanto, enfrentarse internamente como periodistas, es decir, interrogarse a diario no solo por la forma en que narramos los hechos, sino también preguntarnos sobre el porqué de la necesidad de hacerlo.


Lo última pregunta implica el derrumbe de la barrera imaginaria que separa al periodista del involucramiento con su realidad. 660 casos de violación a los Derechos Humanos cometidos por la Fuerza Pública, 837 detenidos, 21 personas heridas por arma de fuego, 52 casos de ataques indiscriminados a la población civil, y 12 manifestantes asesinados durante el Paro, hacen de esa barrera algo insostenible.

La barrera se vuelve imaginaria, puesto que el desconocimiento de estas cifras, la falta de difusión masiva para su debate público, demuestran que durante el cubrimiento la política editorial de las corporaciones mediáticas fue presentar el Paro desde los costados, y no desde el interior de sus protagonistas que hoy cuentan con varias decenas de prisioneros políticos en las cárceles colombianas.

Es claro que el ejercicio del periodismo demanda conocer o acercarse a una interpretación responsable de la realidad. Y cuando ello ocurre, la presentación de los hechos debe ser cercana a esa interpretación, algo que no ocurrió si tomamos como medida de verificación los 660 casos de violaciones a los Derechos Humanos y los prisioneros políticos que hoy desconoce la opinión pública.

Son estos hechos los que evidencian que la barrera imaginaria que algunos han denominado como “objetividad” o “imparcialidad”, dentro de un contexto de confrontación política e ideológica se torna insostenible, en tanto que es una guerra elevada y tecnificada a diario en el escenario mediático.

Es en este otro escenario de la guerra donde infinidad de periodistas han tomado partido por el lado de la injusticia. El Paro Agrario y Popular dejó clara esta situación. Pero por fortuna también dejó claro la existencia del periodismo independiente y el trabajo de los medios de comunicación alternativos y populares que se adentraron al interior de los hechos y sus protagonistas, haciendo evidente otras historias que los periodistas de la injusticia trataron de ocultar.

Dentro de este contexto político e ideológico términos como “objetividad” e “imparcialidad” se tornan, entonces, en chantaje y forma de control para impedir el involucramiento del periodismo en la defensa de los intereses colectivos de la sociedad. Sabemos que objetividad e imparcialidad no son política de los medios privados de comunicación convertidos, hoy por hoy,  en corporaciones mediáticas donde sus periodistas tergiversan y esconden la realidad de los hechos para favorecer intereses económicos y políticos de quienes gobiernan en contra del pueblo colombiano.

El periodismo no puede ser visto sin el periodista, o dicho de otro modo, sin el sujeto que de una u otra manera se involucra con su realidad, y que tomando partido por la injusticia o en contra ella, afecta su entorno por medio de las herramientas de su profesión. Por ello resulta ingenuo pensar que el periodismo nació por la necesidad de informar en forma desinteresada. Quienes informan o presentan un hecho siempre han tenido y tendrán un interés, y corresponde a la sociedad analizar si ese interés, y la forma como se presentan los hechos, son de condenar por la infamia que los define, o de aplaudir por la seriedad investigativa y el propósito de bien común para la sociedad.

Lo anterior es quizá la única forma posible de presentar el siguiente documental, porque, además de constatar las graves violaciones a los Derechos Humanos sufridas por los manifestantes, también nos sumerge en estos debates del periodismo que aún no terminan. A ustedes les va a pasar lo mismo lleva por nombre esta producción audiovisual, fruto del cubrimiento realizado por la Comisión Departamental de Comunicaciones de la Marcha Patriótica y la Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP).

De inicio a fin acompañamos el Paro Agrario y Popular en el Valle del Cauca, lo cual significó que el 70% de nuestros equipos fueran robados por la Fuerza Pública y que seis de nuestros compañeros terminaran detenidos. Estas y otras violaciones a los Derechos Humanos, todavía más graves, quedaron registradas en el siguiente documental, con imágenes inéditas que constituyen un testimonio para la memoria de un país que requiere cambios profundos en su estructura para finalizar la guerra y dar inicio a la Paz con Justicia Social.

Colombia, 2013. 32 min.


Producción: Mesa Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo (MIA) del Valle del Cauca. Cubrimiento y realización: Comisión Departamental de Comunicaciones Marcha Patriótica, Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP). Guión y edición: Alexander Escobar. Caricatura: Vladdo. Música: La Sancocho Orquesta. Archivo: Independencia TV, Radio Independencia, rpaSUR, Punto Crítico, Cable Noticias, Hispan TV, La Sancocho Orquesta, Red de Derechos Humanos ‘Francisco Isaías Cifuentes’, 90 Minutos, Noti5, CNC Palmira, CNC Tuluá, Súper Noticias del Valle, El País, Caracol Noticias.



El Paro Nacional Agrario logró acorralar al gobierno, la justeza de sus demandas y la potente movilización popular empujaron a Juan Manuel Santos y la clase dominante a tomar medidas extremas. La violencia física, la persecución judicial y la estigmatización fueron las herramientas que utilizaron para sembrar miedo en la población y afianzarse en el poder. Canción de cuna reconstruye a partir de los medios de comunicación, los pronunciamientos oficiales y los medios alternativos, los hechos ocurridos entre el 19 de agosto y el 12 de septiembre de 2013 en Colombia. 

Independencia TV

Venezolanos, representantes de la oposición, están trabajando conjuntamente con fuerzas externas para provocar la muerte de ciudadanos inocentes en su propio país con la intención de promover una invasión militar contra su nación. Esto representa una grave amenaza —y un vil crimen— contra la soberanía de Venezuela.


2013/ Noviembre 6/ Eva Golinger/ Publicado por RT/

En los últimos meses, el Gobierno venezolano, liderado por el presidente Nicolás Maduro, ha denunciado múltiples incidentes de sabotaje contra el sistema eléctrico junto a una campaña continua para subvertir la economía de la nación. Una mayoría de medios de comunicación a nivel internacional además de medios privados dentro de Venezuela, se han burlado de las graves denuncias del presidente venezolano, y en su lugar han intentado responsabilizar al Gobierno de los daños causados al país. No obstante, un documento interno de tres organizaciones de Colombia y Estados Unidos evidencia un plan macabro contra el Estado venezolano para provocar violencia —incluso muertos— con la intención de justificar una intervención internacional antes de las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre.

El documento, titulado 'Plan Estratégico Venezolano', fue preparado por la Fundación Internacionalismo Democrático del expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, junto con la Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia y la empresa estadounidense de consultores FTI Consulting. Su fecha de redacción fue el 13 de junio de 2013, durante una reunión entre representantes de estas tres organizaciones, dirigentes de la oposición venezolana, como María Corina Machado, Julio Borges y Ramón Guillermo Avelado, el experto en guerra psicológica, J.J. Rendón, y el encargado de la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID) para América Latina, Mark Feierstein.


El plan estratégico de desestabilización contra Venezuela tiene el fin principal de debilitar al Gobierno en el marco de las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre, tal como lo articulan en el texto: "Los objetivos planteados en el presente plan se enmarcan esencialmente hacia las municipales previstas para el 8 de diciembre, al mismo tiempo que incluye el desgaste acelerado paulatino de la gestión del Gobierno facilitando el triunfo supremo de la oposición para ese evento". Y agregan: "pero si fuera antes, mucho mejor".

El documento también detalla la estrategia para sabotear al sistema eléctrico en Venezuela con el objetivo de responsabilizar al Gobierno de las debilidades de la infraestructura del país y de esa manera proyectar una imagen de crisis de Venezuela a nivel internacional. Como parte del plan, los autores proponen "mantener e incrementar los sabotajes que afecten los servicios a la población, particularmente al sistema eléctrico, que permitan culpar al Gobierno de supuestas ineficiencias y negligencias". Desde entonces, apagones y otros cortes eléctricos han afectado a diferentes regiones por toda Venezuela, causando un gran descontento general, y resultando en una percepción negativa del Gobierno. Hace poco, autoridades venezolanas detuvieron a varias personas involucradas en sabotajes al sistema eléctrico y a finales de septiembre el presidente Maduro expulsó a tres funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Caracas por su presunto papel en los planes de desestabilización.

En la sección titulada "Acciones", los autores del documento detallan sus próximos pasos para desestabilizar al Gobierno venezolano. Además de "perfeccionar el discurso confrontacional y denunciante de Henrique Capriles", el candidato presidencial derrotado por Maduro, hablan de "generar emoción con mensajes cortos pero que lleguen a mayor cantidad de personas, donde retomen los problemas sociales, provocando el descontento social. Incrementar los problemas con el desabastecimiento de productos básicos de la canasta alimenticia".

En los últimos meses, Venezuela ha experimentado problemas de desabastecimiento de productos básicos, como papel higiénico, azúcar, leche, aceite, mantequilla y harina, entre otros. Las autoridades venezolanas han incautado toneladas de estos productos dentro de almacenes que pertenecen a empresarios vinculados con la oposición. También han confiscado grandes cantidades de estos productos en la zona fronteriza con Colombia, donde son vendidos como contrabando.

Según el documento, "El 'Plan estratégico venezolano', consensuado con dignos representantes de la oposición al Gobierno de Nicolás Maduro, se orienta hacia estos objetivos con el fuerte y constante apoyo de varias personalidades mundiales en función de que se le devuelva a Venezuela la verdadera democracia e independencia que han estado secuestrados por más de 14 años".

Durante los 14 años de gestión democrática del presidente Hugo Chávez las amenazas contra su Gobierno abundaban y los planes de desestabilización nunca acababan. Luego del fracaso del golpe de Estado en su contra en 2002, que fue organizado y apoyado desde el Gobierno de Estados Unidos, hubo numerosos intentos de derrocarlo a través de sabotajes económicos, intervenciones electorales, planes de magnicidio, guerra psicológica, financiamiento multimillonario a las fuerzas opositoras desde el exterior y un plan de aislamiento internacional que finalmente no tuvo éxito.

Una de las caras visibles de los intentos de desestabilización contra el Gobierno de Chávez fue el expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez. El exmandatario colombiano finalizó su presidencia en 2010 haciendo un llamamiento para una intervención internacional en Venezuela con la intención de destruir al presidente Chávez y su Revolución Bolivariana. Uribe se dedicó durante los años siguientes a difamar al presidente Chávez y su Gobierno y a fortalecer los vínculos con sectores antichavistas dentro y fuera de Venezuela.

El fallecimiento del presidente Chávez en marzo 2013 no impidió a Uribe continuar sus acciones contra Venezuela. Con la elección de Nicolás Maduro a la presidencia y la continuación del proceso socialista comenzado por Chávez, Uribe seguía con sus planes de ataque contra Venezuela.

Ahora este documento interno, producto de un encuentro de sectores de la ultraderecha de Colombia y Venezuela, junto a representantes del Gobierno estadounidense, demuestra los planes de desestabilización en marcha contra el Gobierno de Maduro.

Como parte de este peligroso complot contra Venezuela, los autores proponen "crear situaciones de crisis en las calles que faciliten la intervención norteamericana y fuerzas de la OTAN, con el apoyo del Gobierno de Colombia. Cuando sea posible, la violencia debe provocar muertos o heridos".

Venezolanos, representantes de la oposición, están trabajando conjuntamente con fuerzas externas para provocar la muerte de ciudadanos inocentes en su propio país con la intención de promover una invasión militar contra su nación. Esto representa una grave amenaza —y un vil crimen— contra la soberanía de Venezuela.

Por último, además de promover el impulso de una campaña internacional para marginar, deslegitimar y desacreditar al Gobierno de Maduro a través de medios de comunicación y voceros de la derecha, el documento recomienda "una insurrección militar" contra el "Estado venezolano". Proponen "contactar con grupos de militares en activo y en condición de retiro para ampliar la campaña dirigida a restarle prestigio al Gobierno, dentro de las Fuerzas Armadas. (...) Es vital preparar a los militares para que a partir de un escenario de crisis y conflictividad social encabecen la insurrección contra el Gobierno, o al menos que apoyen una intervención extranjera o un levantamiento civil".

Este documento evidencia y confirma la veracidad —y la gravedad— de las denuncias realizadas por el presidente Nicolás Maduro. Venezuela está bajo ataque, como lo ha estado durante los últimos 14 años desde el inicio de la Revolución Bolivariana y el rescate de la soberanía, independencia y dignidad del país. No hay que olvidar que Venezuela tiene las más grandes reservas petroleras del mundo. Los poderosos intereses que desean controlar esos ricos recursos no pararán hasta lograr su objetivo.

Antes de ser privado de su libertad, Huber Ballesteros insistía en la importancia de incluir dentro de las discusiones del Acuerdo Humanitario a los Prisioneros Políticos que se encuentran en las cárceles como consecuencia de los montajes judiciales realizados por el Gobierno colombiano.

2013/ Octubre 23/ Montajes judiciales/ REMAP/
Huber Ballesteros, lider social detenido mientras actuaba como vocero del Paro Agrario

En 2009 quedaron registradas sus palabras durante el Encuentro Nacional e Internacional por el Acuerdo Humanitario y la Paz, realizado en la ciudad de Cali en el mes de noviembre.

Ante el carácter sistemático del encarcelamiento de la oposición política en Colombia a través de montajes judiciales, con la espeluznante cifra que sobrepasa los de 9.000 Prisioneros Políticos, la inclusión de los líderes sociales dentro de un eventual Acuerdo Humanitario entre el Gobierno y las Farc, y que hoy están recluidos de manera injusta, retoma vital importancia como la salida más próxima a su situación.

Mi nombre es Huber Ballesteros lleva por título el video que retoma algunos testimonios e imágenes de archivo de este líder social recluido en la cárcel La Picota en calidad de Prisionero Político, y cuyas ‘pruebas’ en su contra incluyen correos del computador de ‘Raúl Reyes’ que magistrados de la Corte Suprema de Justicia ya declararon como evidencia ‘ilícita’ en 2011; también se incluye el testimonio del delincuente Raúl Agudelo Medina, alias ‘Olivo Saldaña’, quien fue uno de los responsables de la falsa desmovilización del bloque de las Farc ‘Cacica La Gaitana’, el cual jamás existió y por cuyo proceso se encuentra prófugo de la justicia el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo.




Indígena herido por la Fuerza Pública. Foto: REMAP

2013/ Octubre 18/ Derechos Humanos/ REMAP/

El 16 de octubre de 2013, enfrentamientos con la Fuerza Pública dejaron en el Valle del Cauca un saldo de 16 indígenas heridos (entre ellos dos por arma de fuego) en el Resguardo Nasa Kiwe de la vereda La delfina, del corregimiento de Cisneros en el municipio de Buenaventura. Los hechos se presentaron en desarrollo del Paro Indígena que inició de manera oficial el pasado 14 de octubre en todo el territorio nacional.

El 17 de octubre el delegado del Valle del Cauca de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU en Colombia visitó el Resguardo de La Delfina para escuchar a los pueblos indígenas y verificar la situación. 

En el siguiente video quedaron consignados los hechos del 16 y 17 de octubre; dos días donde se aprecian momentos vividos por algunos de los heridos, y las posteriores denuncias de la comunidad indígena ante el delegado de la ONU. 

Al parecer, la lógica perversa del sistema, es llevar mucha más personas a las cárceles, violando preceptos del Derecho Internacional y sentencias de la Corte, que establecen la privación de la libertad como una acción excepcional y no la regla general.
Huber Ballesteros, dirigente del Paro Agrario y Popular víctima de un montaje judicial

2013/ Octubre 4/ Desde la cárcel/ Huber Ballesteros/


La larga crisis del capitalismo como sistema, viene imponiendo como forma de paliar su grave situación, la penetración en cada una de las esferas de la vida de la sociedad, mediante el modelo económico del Neoliberalismo, que los Gobiernos dóciles ante el Imperio, como el colombiano, aplican sin rechistar.

Nada debe escaparse al modelo, en su afán por lucrarse de toda actividad, en un esfuerzo desesperado por mantenerse vigente. Tal es la situación, que la salud, la educación, la infraestructura vial, hasta las limosnas que brinda el Estado, llamadas “Familias en Acción”, deben dejarle un porcentaje al sistema financiero, mediante la denominada bancarización.

El gobierno de Álvaro Uribe Vélez, en el cuál se profundizó, la ya de por sí grave situación de violación a los Derechos Humanos, no fue otra cosa que la manera de enmascarar en un discurso de “recuperación de la institucionalidad y la seguridad”, la aplicación de un modelo económico para favorecer  los intereses del capital trasnacional y la inversión privada.

Es importante conocer y analizar cómo durante sus dos períodos de gobierno, se dictaron leyes que han beneficiado de manera exclusiva la inversión privada en detrimento de las garantías y derechos de la mayoría de la población.  Por lo tanto, no es casualidad que durante su gobierno, se hayan dictado normas que tuvieron como finalidad, privatizar la justicia y convertir las prisiones en establecimientos comerciales, donde los Derechos Humanos y el respeto a la dignidad humana desaparecen; donde las personas privadas de la libertad, (detenidos o internos), no somos personas en proceso de resocialización, para que devueltas a la sociedad, le sirvan a ésta. Somos simplemente números, cifras de estadística que busca demostrar que el Estado es fuerte y eficiente.

La implementación del modelo Norte Americano de justicia, prisiones y régimen penitenciario, buscó no la eficiencia, sino adecuar el sistema judicial y carcelario al modelo neoliberal.

El sistema penal acusatorio, Ley 906 de 2004, el aumento de las penas, Ley 1121 de 2006, la construcción de cárceles de máxima seguridad, por parte del buró de prisiones de los Estados Unidos, son pruebas fehacientes de cómo las personas privadas de la libertad, perdimos la condición de seres humanos, para convertirnos en mercancía.

Al parecer, la lógica perversa del sistema, es llevar mucha más personas a las cárceles, violando preceptos del Derecho Internacional y sentencias de la Corte, que establecen la privación de la libertad como una acción excepcional y no la regla general. Opera en este mismo sentido, la creación de nuevos delitos, con el fin de llenar hasta más allá de su capacidad, las cárceles; generando nuevos “clientes” a la inversión privada.  Por su parte, el aumento de las penas, busca que esta “clientela” permanezca un largo tiempo para asegurar el negocio. No es otro su propósito, ya que el cacareado argumento de aumentar las penas para desestimular el delito, no se ha cumplido.

Una mayor inversión en el sistema judicial y la destinación de recursos para el sistema carcelario y penitenciario, no ha logrado disminuir el hacinamiento en las cárceles, ni mejorado las condiciones de reclusión de los miles de presos que hay en el país.  Lo que sí se ha incrementado a todos los niveles, es la corrupción, tanto en el personal administrativo, cuerpo de guardia y contratistas privados que proveen “dotación”, alimentos, salud, transporte y expendios.

En esta danza de los millones, los perjudicados, somos los internos, que padecemos la prestación de un mal servicio  de salud, una alimentación que no respeta los estándares de calidad, ni los requerimientos de dietas especiales para personas afectadas por enfermedades de diferente tipo y una supuestas dotaciones que nunca llegan, unos programas ineficientes de “resocialización”. En resumen, la negación del mínimo vital a que está obligado el Estado, con las personas privadas de la libertad.

Tampoco y a pesar de la inversión multimillonaria, se han hecho eficientes los trámites administrativos que tienen que ver con traslados solicitados por los internos por reunificación familiar, ni la suma de los descuentos por redención de penas, afectando en gran medida la libertad de las personas que llenan los requisitos para beneficios de libertad condicional, prisión domiciliaria, permisos de setenta y dos (72) horas.

Vale la pena entonces, preguntarse ¿Cuál es el verdadero objetivo de los cambios en la administración de justicia y el régimen penitenciario y carcelario?.

Esta cruda realidad, merece ser analizada e investigada a profundidad por los organismos de control, como Contraloría, Procuraduría y Defensoría del Pueblo. Igual labor deben cumplir los Colectivos de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos.

Nos negamos a ser mercancía para los contratos privados, nos negamos a ser estadística de la supuesta eficiencia de la justicia.

Somos Prisioneras y Prisioneros Políticos
Nuestra Dignidad no está en venta

Cárcel Nacional La Picota, ERON patio 11

HUBER BALLESTEROS GÓMEZ
Prisionero Político de Conciencia

A la gravedad de los hechos se suma la detención de cuatro defensores de Derechos Humanos pertenecientes al Comité Permanente de Derechos Humanos (CPDH) y la Red de Derechos Humanos Francisco Isaías Cifuentes (REDDHFIC),  así como el robo del setenta por ciento de nuestros equipos de trabajo por parte de la fuerza pública junto a los documentos de identidad de algunos de nuestros integrantes.
Foto: Comisión de Comunicaciones Marcha Patriótica Valle/ REMAP

2013/ Agosto 19/ Paro Agrario/ REMAP/

Nos quitaron cámaras, celulares, computadores, grabadoras, pero no la dignidad. Somos REMAP, Red de Medios Alternativos y Populares, y seguimos en las calles junto a los demás medios alternativos del país.


Seis  periodistas de Remap fueron detenidos por el Estado colombiano, algunos golpeados, y hostigados por cubrir el Paro Nacional Agrario y Popular en el Valle del Cauca que se desarrolla en el corregimiento de Presidente en la vía que comunica a los municipios de Buga y Tuluá.

Los atropellos fueron sistemáticos y en un número inconcebible si tenemos en cuenta que se ejecutaron contra un solo medio (seis periodistas), un mismo día, y en un espacio geográfico de no más de doscientos metros, y cuya denuncia se resume de la siguiente manera:  Lorna Bierman y Milena Ricaurte arrastradas y golpeadas cuando buscaban refugio de los gases lacrimógenos; Camilo  García  Reyes esposado y detenido cuando entrevistaba a los manifestantes; Alexander Escobar acusado de ser parte de los “instigadores” del bloqueo de la vía, constantemente hostigado por grabar detenciones, y finalmente detenido junto a Fabián Passos y Steven Ospina cuando trataban de registrar un manifestante herido por la Fuerza Pública.


A la gravedad de los hechos se suma la detención de cuatro defensores de Derechos Humanos pertenecientes al Comité Permanente de Derechos Humanos (CPDH) y la Red de Derechos Humanos Francisco Isaías Cifuentes (REDDHFIC),  así como el robo del setenta por ciento de nuestros equipos de trabajo por parte de la fuerza pública junto a los documentos de identidad de algunos de nuestros integrantes.

Y mientras esto ocurrió contra la Prensa Alternativa y los organismos de Derechos Humanos, el saldo de la Jornada del Paro Nacional Agrario y Popular, convocado por la MIA, Mesa de Interlocución Agraria y Popular, en el Valle del Cauca nos da una proporción de la crisis humanitaria que se está viviendo: una persona herida por la Fuerza Pública con arma de fuego, 53 personas detenidas de las cuales 26 aún continúan privadas de la libertad: 22 que están siendo procesadas por la Fiscalía, y 4 menores de edad. Pero a pesar de las cifras, los manifestantes aún permanecen en la zona y continúan apoyando el Paro.

Los hechos ocurridos contra la Prensa Alternativa y los organismos de Derechos Humanos en el Valle del Cauca, demandan de la comunidad internacional un pronunciamiento que exija al Gobierno colombiano el libre ejercicio del periodismo independiente y alternativo en Colombia, y que además garantice la protección de quienes luchan por la defensa de los Derechos Humanos en todo el territorio nacional.

Del mismo modo también exigimos al Gobierno colombiano, en cabeza del presidente Juan Manuel Santos, se garantice la vida de todos los integrantes de la Red de Medios Alternativos y Populares, REMAP, y responsabilizamos a los organismos de seguridad del Estado colombiano de cualquier atentado a la vida que puedan sufrir los integrantes de la Red, los cuales incansablemente realizaron registros fotográficos y de video de nuestros compañeros retenidos, y porque además poseen sus datos  telefónicos y lugares  de residencia.

Somos REMAP, somos la Red de Medios Alternativos y Populares para la Paz con Justicia Social.

  El encuentro finalizó en medio de risas, abrazos y miradas de alegría; en la plenaria, se ratificó el cumplimiento de los objetivos propuestos porque se “afianzaron los lazos de hermandad y unidad popular de los pueblos campesinos con el resto del movimiento social, así como en el fortalecimiento de la organización de las mujeres y en la creación de propuestas de paz con justicia social”.


"Viviremos en el crepúsculo de las alegrías,
En el amanecer de todos los jardines.
Pronto veremos el día colmado de la felicidad.
Los barcos de los conquistadores alejándose para siempre”.
Fragmento del texto La mujer habitada
de Gioconda Belli

El Polideportivo Cubierto del corregimiento de Pan de Azúcar, Municipio de el Patía, fue durante este fin de semana el escenario donde más de ochocientas cincuenta personas se dieron cita para participar del Segundo Encuentro Regional de Mujeres de la Cordillera Patiana.

El primer día, transcurrió en medio de la reivindicación del papel de la mujer en la historia, de su lucha, de los aportes que han realizado a sus organizaciones y contextos, del amor y entrega hacia su pueblo, mujeres de tez oscura y clara, mestizas y negras, mulatas e indias son las que han compartido recetas campesinas, saberes, semillas, danzas, poesía, recitales y música, en el acto político cultural que se adelantó en la tarde / noche del viernes 02 de Agosto.  

La jornada del 03 del presente mes, estuvo marcada por la discusión y deliberación en torno de cuatro mesas temáticas: Derechos Humanos, economía y finanzas, político – organizativo y social y cultural; en la primera, se hizo una socialización de las constantes agresiones y violaciones de los Derechos Humanos que han tenido que padecer las comunidades agrarias por cuenta y obra de miembros de la fuerza pública que se encuentran asentados en los territorios y se avanzó, en la viabilización de propuestas encaminadas a fortalecer mediante capacitaciones una articulación en esta materia. 

En relación con la segunda mesa, se compartieron las experiencias organizativas de cada corregimiento, vereda y organización presente en el espacio; ahí, se ahondo en la necesidad de fortalecer la economía familiar a través de la implementación de huertas caseras y de capacitaciones en costura, panadería y afines, así como, en el aprendizaje sobre el cuidado y mantenimiento de especies menores.

La tercera mesa, se centró en evaluar la estructura del proceso organizativo de AGROPATÍA, de analizar la operatividad de sus órganos de decisión como la Asamblea General y la Junta Central y en examinar cómo se podía fortalecer los comités de agricultura, medio ambiente, salud, educación, transporte, cocaleros, juntas comunales, cultura, deporte, Derechos Humanos y conciliación. Así como, en impulsar dos iniciativas que tienen las mujeres de la región y están relacionadas con la objeción de conciencia para la no prestación del servicio militar obligatorio y el rechazo total a la política de  subsidios que ofrece el Gobierno Nacional mediante Acción Social y otros entes.

En la última mesa, social y cultural, se abordo lo relacionado con la necesidad de impulsar la creación de las huertas tradicionales, la recuperación de semillas y saberes ancestrales, en cómo se podía impulsar un cambio en el modelo educativo que conlleve a fortalecer la identidad por el ser y sentir campesino y en la urgencia de mitigar el impacto negativo que está ocasionando la minería en la zona.  

El encuentro finalizó en medio de risas, abrazos y miradas de alegría; en la plenaria, se ratificó el cumplimiento de los objetivos propuestos porque se “afianzaron los lazos de hermandad y unidad popular de los pueblos campesinos con el resto del movimiento social, así como en el fortalecimiento de la organización de las mujeres y en la creación de propuestas de paz con justicia social”

Agosto 04 de 2013

¡Hemos puesto en Marcha nuestro corazón,
Seguirá en Marcha la esperanza!

Comisión de Comunicaciones Marcha Patriótica Cauca
Segundo Encuentro Regional de Mujeres de la Cordillera Patiana


Núñez dijo que las agresiones contra la prensa alternativa es por los videos que han mostrado durante el paro en el Catatumbo que hoy cumple 48 días. El periodista fue trasladado al hospital de Cúcuta. La Defensoría del Pueblo ya conoce el caso.
Periodista Fred Núnez del Colectivo Brecha

2013/ Julio 28/ Catatumbo Resiste/ Noticias Uno/

El periodista Fred Emiro Núñez asegura que los agentes del ESMAD en Catatumbo dispararon contra él una granada de aturdimiento. El periodista está siendo atendido en un hospital de Cúcuta. Núñez recién regresaba luego de grabar la atención a los manifestantes colombianos en el otro lado de la frontera por parte de funcionarios de Venezuela.

El periodista Fred Emiro Nuñez, de la Agencia Prensa Rural que representa a las comunidades campesinas de todo el país denunció que fue herido por miembros del Escuadrón Móvil Anti Disturbios –ESMAD-, en Tibú, Norte de Santander, cuando cubría el paro en el Catatumbo.

El periodista aseguró que minutos después fue golpeado con una piedra que lo hizo perder el conocimiento.

Según Nuñez los policías “se bajan de la tanqueta, cubro a mi compañera y ahí pierdo el conocimiento por una piedra que me dejó convulsionando”.


Fred Emiro Núñez, junto con otros dos periodistas grabaron el desplazamiento de más de 150 campesinos al estado de Zulia en Venezuela, ante un eventual desalojo a la fuerza para reabrir la carretera Cúcuta-Tibú.

En el video mostraron cómo niños, mujeres y ancianos llegaron hasta la vereda Guacamayas en Zulia donde establecieron un campamento humanitario con el consentimiento provisional de las autoridades del lugar.



Núñez dijo que las agresiones contra la prensa alternativa es por los videos que han mostrado durante el paro en el Catatumbo que hoy cumple 48 días. El periodista fue trasladado al hospital de Cúcuta. La Defensoría del Pueblo ya conoce el caso.

Noticias Uno, julio 27 de 2013

Los medios privados promueven temas para su aceptación y repetición. La sociedad es la presa que, sin argumentación y debate, repite y acepta un mundo virtual bien presentado, bonito, impecable. La realidad editada y tergiversada en formatos agradables a los ojos, los oídos, y la manipulación del corazón, resulta más entretenida que una realidad no-editada.

Una deuda no pagada
2013/ Marzo 5/ REMAP/ Alexander Escobar [1]

La fusión de dos escritos componen el siguiente texto: el primero, Medios de comunicación privados para el odio y la sumisión, concebido en febrero de 2012, y el segundo, La paz sin memoria de los medios del capital, escrito en febrero de 2013. Se han realizado algunos cambios, extraños momentos de ánimo o de indignación son responsables de que no siempre se escriba en modo similar; y por tanto, la necesidad de modificar o quitar algunas líneas para establecer un puente entre los dos escritos. Sin embargo otra razón lo hace necesario, en febrero de 2012 los diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC no estaban instalados, y un año después, ya escribíamos pensando en ello.

Esto último también provocó que ocurriesen cambios. Los temas de la guerra y la paz con justicia social llevaron a la inclusión de nuevos párrafos. No fueron muchos, pero con ellos se descubre la urgencia de investigar sobre la evolución de los medios de comunicación privados en Colombia. Es necesario hacerlo, porque, al parecer, la tecnificación y sus formatos evolucionan acordes a la intensificación de la guerra. No obstante, la tarea implica incluir en el análisis el desarrollo de los medios en Latinoamérica y, sobre todo, en momentos de dictaduras. El caso venezolano es, quizá, el momento decisivo en que descubrimos lo moderados que habían sido los análisis sobre los mass media: su relación directa con el golpe de Estado dado al Gobierno del presidente Hugo Chávez, evidenció que éstos no solo son cómplices de dictaduras, sino que son los medios de comunicación privados la dictadura misma.

Pero la tarea es una deuda no consignada en las siguientes líneas, aparece solo a manera de insinuación en algún párrafo, y que espero sea la excusa para la unión de muchas manos que escriban sobre el tema.

Medios de comunicación privados para la sumisión, el odio y la guerra, es el “nuevo” texto que ha surgido, producto de una fusión forzada que hace necesaria su presentación en dos partes. Medios para el odio y la sumisión, es la primera, donde se aborda la injerencia de los medios sobre lo emotivo y algunos aspectos del ejercicio de la manipulación mediática; y Medios para la guerra, es la segunda, donde tocamos el tema puntual del conflicto colombiano y la búsqueda de la paz con justicia social.

He aquí pues el texto de una fusión forzada que espero sirva de invitación para cancelar la deuda investigativa que en las siguientes líneas no se paga.

Medios para el odio y la sumisión

Aceptación y satanización son términos implícitos, o efectos, de los discursos empleados por los medios privados de comunicación. La aceptación, para nuestro caso, la asumiremos como aquello que emerge entre la opinión pública como “la verdad”; la satanización, por su parte, la entenderemos como su opuesto, “la mentira”. Acudimos al término “satanización” no por azar, o por capricho de estilo de quien escribe. Se propone por la capacidad de injerencia que los medios privados tienen en la actitud de la sociedad.

En la actualidad no basta saber y demostrar cómo los medios masivos del capital encubren y mienten sobre el mundo en que vivimos. Es necesario, además, abordar la relación que ello establece con lo emocional. Porque los discursos también tienen una injerencia sobre lo emotivo, provocan odio y sumisión.
                                                                                    
Nuestra situación actual, a la que estamos siendo conducidos, se aleja del debate y los argumentos. En su remplazo, el señalamiento indiscriminado gana un espacio abismal. Contradecir la versión oficial de los medios así lo demuestra. Hoy disentir con el televisor no se recibe como una diferencia de opinión frente a lo dicho en noticieros y programas privados; obrar de esta forma, sin oportunidad de defensa alguna, significa ganar estatus de mentiroso frente a “la verdad” de la pantalla. El televisor es el nuevo ídolo, al que se venera como a un Dios, y su palabra es sagrada. Contradecirlo es pecado. Por tanto no solo somos mentirosos al contradecirle, además somos odiados, estigmatizados por los fieles que adoran la versión oficial.

En el mundo privado de los medios lo que importa no es la veracidad de los hechos ni la fuerza de los argumentos. Su accionar está determinado por la forma, la frescura de sus formatos y presentadores que imponen cualquier contenido, editado a su antojo. Su misión es recoger elementos fragmentados de la vida, de la cotidianidad, y elaborar con ellos un universo virtual de verdades aceptadas por la audiencia; son dioses mediáticos cuyos discursos evaden la exigencia de la argumentación y el debate.

Pero también son negocio. Entretener es su fuerte. No importa si es pobreza o muerte el tema, nada se salva de ser rentable. Para ello siempre habrá una música de fondo, un narrador con tono melancólico, y algunas miradas de niños y gente humilde en cámara lenta para hacer del drama algo entretenido y conmovedor. Tratan de mostrarlo como si fuese un gesto humano, cuando simplemente es una distracción pasajera que en pocos días será desplazada por otra tragedia más rentable y conmovedora. Pasan de tragedia en tragedia sin desnudar aquello que la produce. Presentan la pobreza como un acontecimiento espontáneo, natural, que nace y muere en el lugar que está, y cuya solución recae en la caridad de las personas. Mientras su trasfondo, sus verdugos jamás son tocados; no se informa sobre la corrupción y el saqueo legislativo del congreso que las provoca. Con golpes de pecho y llamados “al buen corazón” desvían la atención y esconden las causas del problema, a los responsables, a quienes diariamente despojan a la sociedad de oportunidades para una vida digna. Es una sutil forma de silenciar la crítica, la reflexión y la rebeldía ante la injusticia.

Los medios privados promueven temas para su aceptación y repetición. La sociedad es la presa que, sin argumentación y debate, repite y acepta un mundo virtual bien presentado, bonito, impecable. La realidad editada y tergiversada en formatos agradables a los ojos, los oídos, y la manipulación del corazón, resulta más entretenida que una realidad no-editada. La sociedad se vuelve adicta a la vida representada, mas no vivida. Cinco horas de magazín en las mañanas, una televisión sin angustias, sin debates sobre los problemas sociales, remplaza el tiempo de la vida en la calle, y desalojan en forma dramática el pensamiento y la acción para transformar la sociedad. Es un monopolio de la audiencia donde se imponen discursos con intereses definidos. No son temas para solucionar los problemas del pueblo, sino temas para sostener los intereses de los dueños del capital, que a su vez, y sin descaro alguno, también son propietarios de los medios. Son ellos quienes definen qué es “lo bueno” y qué es “lo malo”.

Controlar los temas es controlar las prioridades de la población, es controlar su ideología. No hablamos de lo que necesitamos, se nos impone lo que otros requieren que se diga. Los medios privados ejercen control sobre los discursos, y éstos sobre la actitud y actividades de la sociedad. El Tratado de Libre Comercio entre Colombia y E.E.U.U. es un ejemplo claro de lo anterior. Su aprobación fue celebrada en diarios y noticieros, y posicionado el tema como algo benéfico para el país. En sus medios no existe debate que diga lo contrario, a no ser por las breves intervenciones de organizaciones sociales cuyos argumentos, a manera de telegramas o twitter, quedan en desventaja ante los funcionarios del gobierno que poseen largas horas a la semana en los noticieros del capital.

Temas cruciales para la sociedad son tratados en modo similar. Son muchos los ejemplos que podríamos citar, casos innumerables, pero ahora nos interesa tratar un tema en particular: el conflicto colombiano y la búsqueda de la paz.

Medios para la guerra

En 1998 tres hechos se cruzaron en Colombia: la puesta en marcha de los dos primeros canales privados de televisión, el Proceso de Paz entre el Gobierno y las FARC (suspendido en el 2002), y las gestiones ante el Gobierno norteamericano para implementar el proyecto contrainsurgente conocido como “Plan Colombia[2]”.

Llama la atención que estos hechos ocurrieran en forma simultánea, porque la decisión de intensificar la política de guerra del Estado colombiano (con la implementación del Plan Colombia) coincide con el fortalecimiento de los medios de comunicación privados que obtuvieron sus dos primeros canales de televisión. Y recordemos que todo ocurre en 1998, cuando se adelantaba el Proceso de Paz entre el Gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC, proceso que hoy también conocemos como los “diálogos del Caguán”. Debemos recordarlo porque es este, quizá, el episodio más claro donde observamos que la intensificación de la guerra y los medios del capital evolucionaron conjuntamente contra la solución política al conflicto colombiano. Vemos, entonces, a los medios de comunicación privados como un componente fundamental para el análisis del conflicto colombiano.

Tomemos por ejemplo los dos últimos procesos de paz. Ha sido función de los medios mantener la tensión y promover su ruptura. Si en los diálogos del Caguán el tema de la zona desmilitarizada era presentada como la “entrega” de una parte del territorio y la rendición del Estado colombiano a la insurgencia, hoy los medios llama “secuestrados” a los prisioneros de guerra capturados por las FARC para hablar de “la no voluntad de paz” de la guerrilla. Éstos son algunos casos concretos que podríamos citar. Sin embargo, la estrategia para actuar en contra de los dos últimos procesos de diálogos con las FARC, radica principalmente en tomar episodios de la confrontación armada, centrando la atención únicamente en las acciones de la guerrilla, y exponerlas como justificación para no continuar dialogando sobre la solución política del conflicto. Pero hay otra finalidad. También recurren a ello para reducir “la paz” a un simple proceso de dejación de armas de la insurgencia, toda una estrategia mediática diseñada para ocultar la no voluntad paz del Gobierno, cuya postura se traduce en la negativa de cambiar las estructuras económicas, políticas y sociales que hoy condenan al pueblo colombiano a la miseria.

Es determinante el papel que juegan los medios como actores del conflicto colombiano, en tanto que la guerra no solo representa una carrera armamentista, es la guerra, además, un discurso cotidiano que deber ser aceptado y avalado por la sociedad.

Y son los medios los encargados de imponer ese discurso. Para ello despliegan la propiedad privada que ejercen sobre la información, y desaparecen de sus programas la salida política al conflicto como opción a seguir; la omiten de tal manera que prácticamente es borrada del imaginario de las personas y presentada como una posibilidad absurda y descabellada. Aprovechan el monopolio de la audiencia del que gozan, y en su lugar exhiben la guerra como verdad, única solución. Hasta que la sociedad queda cautiva de su influjo, y finalmente acepta y repite el mismo discurso, mientras practica el odio y aclama la muerte: “¡hay que acabar con esos terroristas!”, son sus palabras, aunque inducidas por otros.

Muchas son las razones para no continuar la guerra, –y de las cuales nunca hablarán­–. Razones tan mínimas como saber que una simple operación matemática, de suma y resta, es suficiente para demostrar que el dinero dedicado a la guerra podría solucionar grandes problemas del pueblo, si fuera invertido para su bienestar. Pero lo último no tiene relevancia en la agenda noticiosa –obviamente–, ni se repite con la misma frecuencia que la palabra “terrorismo”. “Salida política al conflicto”, es una frase excluida del vocabulario de presentadores en noticieros, magazines y realitys, y la “operación matemática” que brindaría más recursos para la inversión social, es omitida en la programación de los medios privados.

Así se impone el odio como verdad, y la sensatez como mentira para ser odiada, estigmatizada. Los resultados son aterradores. Quienes proponen la salida militar al conflicto son aceptados en sociedad, mientras que aquellos que se oponen, son vistos con desconfianza y recelo, estigmatizados y señalados como personas peligrosas que “apoyan el terrorismo”.

Hoy vivimos momentos de coyuntura. Las FARC y el Gobierno colombiano se encuentran de nuevo en una mesa de diálogo; y el hecho nos podría llevar a pensar que las cosas son diferentes. No obstante, no debemos equivocarnos. Si la frase “solución negociada al conflicto” es hoy empleada por los medios, es solo una forma más agresiva de negar la salida política a la guerra en Colombia.

Esto no es nuevo. Durante los diálogos del Caguán, la frase “salida negociada al conflicto” también fue utilizada por los medios de comunicación privados; pero ahora sabemos que su intención, su estrategia de guerra, no era otra que preparar el terreno para la aceptación de un Gobierno que aseguró acabaría con la insurgencia en un periodo de cuatro años. La tarea fue encomendada a Álvaro Uribe Vélez, quién duró 8 años en el poder implementando el Plan Colombia, sin lograr derrotar a los grupos insurgentes. Sin embargo, una tarea si fue lograda: posicionar al país como un violador sistemático de los derechos humanos, con casos tan aberrantes que incluyen crímenes de guerra que conocemos como “falsos positivos”.

El Proceso de Paz del Caguán nos dejó enseñanzas importantes sobre el tema. Porque su experiencia demuestra que para intensificar la guerra, los medios recurren al tema de la paz y la salida negociada al conflicto como plan estratégico para justificar la guerra. Podemos observar cómo funciona su lógica: si la guerrilla acepta desmovilizarse y entregar las armas sin que ocurran cambios estructurales que pongan fin a la iniquidad del país, los medios promueven los diálogos y aplauden la buena voluntad de la insurgencia; pero si la insurgencia se niega a desmovilizarse en tanto no sucedan cambios en la estructura política, económica y social, es decir, hasta que no se garantice condiciones de vida digna para el pueblo colombiano, entonces los medios justifican la ruptura de los diálogos mostrando a la guerrilla como “culpable” del fracaso.

Y justificada la ruptura en las noticias, justificado el odio y la intensificación de la guerra contra “los culpables”: la guerrilla. De este modo la frase “salida política al conflicto” se convierte en víctima de esa guerra, y quienes se oponen a la vía militar, en víctimas de quienes les señalan de ser colaboradores de la insurgencia. 

Ahora volvamos a los momentos de coyuntura política del país. Vemos, al igual que en los diálogos del Caguán, que la paz convertida en noticia por los medios de comunicación privados, significa la guerra llevada al escenario de la conspiración contra la justicia social del país.

Pero los alcances de los medios son mayores. Porque sostener la guerra como forma de prolongar la injusticia y la desigualdad en un pueblo, implica cumplir una tarea más siniestra: convertir la paz en una guarida para la desigualdad y la injusticia del país.

Para los medios del capital, el conflicto colombiano carece de causas y orígenes. Es su misión presentar el alzamiento armado en Colombia como un acontecimiento sin antecedentes. Por tanto, para ellos no existen procesos de paz que pongan fin a los problemas sociales que originaron el conflicto; su estrategia es la imposición de palomas blancas en mentes en blanco, una paz de vencidos y vencedores donde solo hay cabida para la rendición de los grupos insurgentes. Todo es un reality mediático que semeja libros de superación personal llevados a la pantalla, y que se encargan de desaparecer las causas que dieron origen a la insurgencia, al igual que ocultan la permanencia y profundización de las mismas.

Noticieros, presentadores y periodistas se ocupan de presentar el conflicto en Colombia como un acontecimiento sin memoria. Pobreza, injusticia y terrorismo de Estado, desaparecen de la bandeja de programación al hablar de paz, y también se excluyen como causantes primordiales del alzamiento armado en el país.

Con sus cámaras y micrófonos convierten la paz en un reality donde los fusiles de la insurgencia deben entregarse a cambio de camisetas blancas, taxis, capacitaciones para crear microempresa, y uno que otro puesto en el Congreso de la República, sin que ocurran cambios en el modelo económico, político y social del país.

Es el reality de los medios del capital imponiendo el libreto para hablar de paz, donde el Gobierno es el protagonista presto a repetir cada una de sus páginas.

“Ni modelo económico ni doctrina miliar están en discusión”, es la primera línea a memorizar; ensayada luego frente al espejo como si se estuviese en la mesa de diálogos de paz; repetida una y otra vez hasta lograr naturalidad; y finalmente dejada en libertad para ser divulgada por los negociadores del Gobierno, tal como ocurriera el 18 de octubre de 2012 en Oslo. Es un libreto hecho a la medida del tirano, que en una línea deja claro el mensaje del Estado: con el pueblo no se discutirá el modelo que lo condena a la miseria, ni habrá cambios en las estructuras responsables de la iniquidad, el saqueo transnacional, la represión, y el terrorismo de Estado en Colombia.

“Paz con justicia social” es la frase que molesta a los medios del capital. Es para ellos un fastidio la paz rebelde del pueblo colombiano, les incomoda, porque se opone a la paz como guarida para el silencio y negación de los problemas históricos de la sociedad. Es clara la razón; miseria, injusticia, corrupción, saqueo transnacional, y terrorismo de Estado, no son temas a resolver en la paz de la superación personal que imponen los medios de comunicación privados. Su paz es la continuidad de las causas del conflicto, pero con los fusiles de la insurgencia silenciados.

Todo está escrito en el libreto para negar la justicia social que requiere el país. Pero también se escribe para desconocer el conflicto que diariamente padecemos. Hay hechos que lo confirman. Cada vez que el Gobierno rechaza la toma de prisioneros realizadas por las FARC, sirve para ratificarlo. Porque su propósito de calificar como “secuestrados” a los prisioneros de guerra es solo parte del reality que niega las dinámicas cruentas del conflicto, y un distractor para evadir las discusiones de fondo que exigen cambios en el modelo de desarrollo del país, como es el caso de la Política de Desarrollo Rural y Agrario Integral ampliamente debatida por el pueblo colombiano en diciembre de 2012.

Hagamos un paréntesis, o tal vez una claridad. La toma de prisioneros es una expresión del conflicto interno que el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos reconoció para asegurar jurídicamente los bombardeos[3] contra la insurgencia, el mismo conflicto interno que hoy niega cuando califica de “secuestrados” a miembros de la fuerza pública que se desempeñan como combatientes y que son capturados por las FARC.

Es este uno de los hechos más dicientes y vergonzosos realizado por los medios de comunicación privados en Colombia; en cada canal, y en cada uno de sus programas, desconociendo a los prisioneros de guerra como una realidad concreta del conflicto.

Los medios actúan en modo sincronizado para reproducir las necesidades de guerra del Gobierno. Y el anterior, es tan solo un episodio descarado de su actuar. Funcionan como simples reproductores de la versión oficial del Estado. Y utilizando el monopolio de la audiencia del que gozan, se imponen como versión única del conflicto. Los medios no buscan fuentes de información, ni siquiera buscan las fuentes oficiales del Estado, porque hacerlo significaría que se están buscando a sí mismos. Son los medios, por tanto, fuente directa del conflicto integrada al orden político, económico y social que perpetúan con cada Gobierno.

Es fácil entender ahora por qué su accionar solo se enfoca a promover el odio hacia la insurgencia –su enemigo–, mientras oculta los miles de crímenes cometidos por el Estado.  

La sociedad desconoce, en su mayoría, el conflicto colombiano. La carencia de fuentes para conocerlo, así lo determina. Pocos son los periodistas que se atreven a informar sobre la versión de la insurgencia. Y quiénes se atreven a hacerlo, se convierten en objeto de señalamientos, estigmatización y persecución estatal.

La versión única del conflicto ejerce monopolio sobre la audiencia e imposibilita construir un criterio autónomo frente a la guerra. Se conocen las armas del conflicto, pero se ignora la condición humana de quien las empuña contra el Estado. Como fuente oficial, los medios humanizan solo a los combatientes que defienden al  Gobierno, al tiempo que niegan la condición humana de los combatientes de la insurgencia. De este modo se justifica la pena de muerte en el imaginario de las personas. Porque “dar de baja”, dar muerte a un ser despojado de su humanidad, no representa motivo de reflexión para lo sociedad, es obvio que no lo representa, pues es la sociedad quien ahora aclama por los actos de sangre: “hay que acabar con esos terroristas”, son sus palabras, pero recordemos que inducidas por otros. Esto constituye una de nuestras grandes tragedias. A quienes siempre hemos abogado por la humanización de la guerra, su regularización, ahora nos sobreviene una tarea más profunda: la guerra de los medios debe tener como respuesta el trabajar por la humanización de la sociedad, a luchar para rescatarla del odio, y recuperarla de nuevo para la vida y su defensa.

Con la estrategia del odio polarizan la sociedad contra cualquier posibilidad de diálogo de paz con la insurgencia colombiana. Aunque también cumple otro objetivo, despojar al adversario de toda condición política, y, en consecuencia, del uso de la palabra. Es de esta forma como operan para silenciar la otra historia de la guerra y sus acontecimientos.

Sin embargo, existe la posibilidad de conocer la otra historia del conflicto. Distintas fuentes de información reposan esperando ser analizadas. Sabemos que la guerra es también una confrontación mediática, y la insurgencia cuenta con presencia en esa dinámica del enfrentamiento. Sus audios, videos, fotos y documentos reposan en el mundo de la virtualidad para ser consultados. Y quienes pretendan estudiar el conflicto deben acudir a estas fuentes sin temores, sobre todo quienes ejercen la docencia y la investigación universitaria. Porque la universidad no puede ser un lugar de censura para hablar del conflicto con todas las voces que lo componen. Ya conocemos la versión de los medios privados, ahora debemos conocer la versión la insurgencia. El no hacerlo constituiría un hecho de suma irresponsabilidad, pues estaríamos evadiendo el camino hacia la lectura autónoma del conflicto.

Pero consultar las “dos fuentes oficiales” no representa la solución. La historia del conflicto siempre estará inconclusa si no surgen otras versiones desde del periodismo independiente. De allí la importancia de los medios alternativos y populares, por su tarea decidida de informar los acontecimientos sobrepasando la versión oficial del Gobierno y la insurgencia. 

Por ello a los medios alternativos les atañe una noble misión frente al conflicto: curar a la sociedad del odio que la ciega, esto significa, despertarla para que sea su camino la lucha por la solución política al conflicto y la paz con justicia social.

No obstante, lo anterior solo debe ser una de nuestras banderas. En tanto que nuestra mirada no puede detenerse solo en ejércitos y cuerpos policiales que sostienen la guerra y ejercen control sobre las poblaciones. Más allá del sostenimiento de la guerra, el ocultamiento de las injusticias y los crímenes de Estado, los medios privados tienen como objetivo promover el odio a la crítica y a quienes la ejercen contra la sumisión.  

Nunca antes como hoy luchar contra la corrupción, la injusticia y la tiranía, había sido tratado con tanto desprecio por quienes padecen las infamias del tirano. El control sobre la sociedad y el grado de afectación en su cotidianidad ha sido tan fuerte y prolongado, que su logro está en hacernos parecer personas no deseadas, rechazadas y aisladas por una sociedad que yace confundida y, en su mayoría, resignada a la opresión.

Hace poco más de un siglo, Oscar Wilde anotaba que en “la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos”. Sin embargo, el orden actual de las cosas sobrepasa esta tragedia. Ahora no solo se trata de las máscaras que llevamos ante la sociedad. Es la sociedad, en sí misma, una gran máscara, una ilusión de libertad creada por los medios del capital. Es aquí donde un proyecto de comunicación alternativa retoma su importancia. Porque se trata no solo de informar lo que el capitalismo oculta tras sus medios. Su tarea es de más largo aliento. Desenmascarar la sociedad, y dejar desnudo el esqueleto de resignación y sumisión que la caracteriza, constituye un objetivo fundamental de su quehacer.

Estamos enfrentados al odio como estrategia de satanización hacia las luchas populares y como medio para sostener la guerra, saberlo de ante mano, es asumir con responsabilidad el espacio que queremos transformar con la comunicación alternativa. De ello dependerá el acierto de nuestros proyectos o, caso contrario, qué tanto desconocemos de la dominación.

Lo que está en juego es la recuperación de la memoria de nuestros pueblos, su carácter soberano, y su criterio autónomo frente a los hechos. El trabajo de la comunicación alternativa radica en arrebatarle el mundo a la virtualidad creada por los medios privados, despojarlo de sus máscaras, despertarlo de la sumisión, y recuperarlo para vida solidaria de los pueblos.


[1] Documento presentado en el Primer Foro Conflicto, medios y solución política, organizado por la Marcha Patriótica del departamento del Valle del Cauca, el Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (PUPSOC), y la Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP). Santiago de Cali, febrero 28 de 2013.
[2] Aprobado en el Congreso de Estados Unidos el 11 de julio de 2000, el Plan Colombia plantea cuatro componentes: 1) Solución Política Negociada al conflicto, 2) Recuperación económica y social, 3) Iniciativa contra el Narcotráfico, 4) Fortalecimiento Institucional y Desarrollo Social. De los cuatro, centrémonos en el tercero, Iniciativa contra el Narcotráfico, porque sirvió de justificación para fortalecer el del aparato militar colombiano, a través de la ayuda económica norteamericana para fines contrainsurgentes. Y los fines “sociales” que –aún– presume contener, son simplemente su cortina de humo, al igual que la inclusión de una iniciativa “enfocada” a la solución negociada del conflicto. Por ello, es necesario centrarnos en sus tres primeros años de ejecución para establecer cuál fue su comportamiento durante el Proceso de Paz adelantado en aquel entonces. Por ejemplo, la investigadora María Clemencia Martínez anota que en los tres primeros años, el presupuesto asignado a la negociación del conflicto representó solo el 1% de los dineros asignados por Estados Unidos, mientras que el componente militar se fortaleció abismalmente, si tomamos en cuenta los datos de la División Nacional de Planeación que, en informe de  septiembre de 2003, reporta que con el Plan Colombia “la Fuerza Pública incrementó su capacidad helicoportada en 77% y el número de aviones en 16%”, así como también “aumentó en 320% la capacidad aeromóvil del Ejército y en 57% la de la Policía”. Y por tanto, durante esos tres años de ejecución, la investigadora concluye que “los recursos provenientes de Estados Unidos, que son la mayoría del total proyectado para cubrir el Plan Colombia, se han orientado a financiar el tercer componente, definido como la Iniciativa contra el Narcotráfico, con una participación mínima en el componente de Fortalecimiento Institucional y Desarrollo Social”. Véase EL PLAN COLOMBIA DESPUES DE TRES ANOS DE EJECUCION: entre la guerra contra las drogas y la guerra contra el terrorismo, de María Clemencia Martínez. Disponible en:http://www.mamacoca.org/Octubre2004/doc/EL_PLAN_COLOMBIA_DESPUES_DE_TRES_ANOS_DE_EJECUCION.htm#_ftn24   
[3] Ver las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos: http://youtu.be/2GDq0DQZNp0

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